La exministra del Deporte fue incorporada al equipo de asesores directos del mandatario. La oposición fustiga el reciclaje de figuras de confianza y la contradicción con la supuesta reducción del aparato estatal.
La sorpresiva incorporación de Natalia Duco al Segundo Piso de La Moneda desató inmediatas críticas en el mundo político y social. A menos de un mes de haber dejado su cargo como ministra del Deporte, la exatleta olímpica fue reubicada dentro del corazón del poder gubernamental para desempeñarse como asesora de la Presidencia en materias deportivas y de juventud, según reveló The Clinic.
El nombramiento confirmó la práctica habitual del oficialismo de reciclar a sus figuras de confianza que han salido previamente de carteras ministeriales, garantizándoles un puesto privilegiado con remuneraciones públicas en el palacio de gobierno sin mediar concursos ni rendición de cuentas ante la ciudadanía.
Cuestionamientos por la llegada de Natalia Duco al Segundo Piso
Desde la oposición fustigaron con dureza la maniobra, acusando la existencia de "premios de consuelo" dentro de la administración. Diputadas y senadores recordaron que la derecha llegó al poder prometiendo recortar el aparato estatal, eliminar a los operadores políticos y terminar con el gasto desmedido en asesores, promesas que hoy se contradicen con el abultado equipo presidencial de asesores de confianza.
Doble discurso de austeridad frente a la realidad social
Esta cuestionada reubicación ocurre en medio de un complejo escenario económico para el país, donde el Gobierno impulsa ajustes presupuestarios, recorta programas sociales y justifica la falta de recursos para las demandas más urgentes de la población, mientras no duda en acomodar a sus exautoridades en despachos de La Moneda.
En regiones como O'Higgins, donde la cesantía ya golpea al 10,5% y la precarización ahoga a los trabajadores, la designación de Duco es percibida como una muestra más de la desconexión del Ejecutivo con las necesidades populares.
Para Panga Noticias, este nuevo episodio de la "silla musical" gubernamental evidencia la hipocresía de un relato de austeridad que solo se aplica para castigar al pueblo, mientras se mantiene intacta la protección de los privilegios del círculo cercano al poder.

