La catástrofe que dejó más de 160 muertos en el Himalaya expone la vulnerabilidad de la cordillera chilena. El acelerado derretimiento del Glaciar Universidad en San Fernando evidencia la urgencia de planes de prevención comunal.
El riesgo de inundaciones glaciares en Chile volvió al centro del debate ambiental tras el violento desborde ocurrido en Nepal, que cobró más de 160 vidas. Ante este escenario, la organización WWF Chile llamó a las autoridades a implementar con urgencia medidas de monitoreo y prevención en la cordillera de los Andes, advirtiendo que el retroceso acelerado de los hielos por la crisis climática multiplica el peligro de aluviones catastróficos, según consignó El Ciudadano.
El fenómeno, conocido técnicamente como GLOF (Glacial Lake Outburst Flood), se produce cuando lagunas formadas por el derretimiento de masas de hielo colapsan súbitamente ante sismos, desprendimientos de rocas o lluvias intensas con isoterma cero alta, liberando millones de metros cúbicos de agua y sedimentos hacia los valles habitados.
Riesgo de inundaciones glaciares en Chile y la zona central
En nuestro país, estudios del Programa Hidroclimático Regional para los Andes sitúan a la zona central bajo una amenaza latente. Mientras el glaciar Echaurren Norte en la Región Metropolitana perdió el 65% de su superficie, investigaciones de la Universidad de O'Higgins revelaron que el Glaciar Universidad, en la alta cordillera de San Fernando, perdió en solo un año un volumen hídrico equivalente al consumo anual de una ciudad de 580 mil habitantes.
Falta de planificación y abandono comunal
Pese al incremento de la exposición humana por proyectos mineros, hidroeléctricas y turismo en las cuencas de los ríos Tinguiririca y Cachapoal, el panorama institucional es precario: menos de un tercio de los municipios del país cuenta con Planes de Acción Comunal de Cambio Climático.
Desde la mirada editorial de Panga Noticias, lo ocurrido en Asia debe ser una advertencia ineludible. El Estado no puede seguir postergando la protección legal de los glaciares ni la inversión en sistemas de alerta temprana. Defender las cuencas y ordenar el territorio es un imperativo de justicia climática para proteger la vida en nuestras comunidades cordilleranas.

