El gobierno de Lula da Silva tomó la drástica decisión de rebajar las relaciones diplomáticas a su nivel mínimo. Una crisis sin precedentes provocada por los reiterados exabruptos del presidente argentino, Javier Milei.
Según la información publicada por diversos medios internacionales, el gobierno de Brasil decidió este martes expulsar al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi. Esta medida extrema se suma a que Brasil ya había decidido no devolver a su propio embajador a Buenos Aires, lo que reduce formalmente las relaciones entre los dos principales socios del Mercosur. Fuentes de Itamaraty advirtieron que la situación se mantendrá congelada "mientras no cesen los ataques de Milei".
Un "hombre minúsculo" jugando con la economía
El detonante de este quiebre histórico no fue un conflicto territorial ni una disputa comercial, sino la incontinencia verbal de un presidente. Javier Milei, en una nueva muestra de fanatismo ideológico, se dedicó durante los últimos días a insultar públicamente al presidente Lula da Silva, calificándolo de "presidiario", "ladrón" y entrometiéndose en la política interna brasileña para pedir el regreso de la extrema derecha bolsonarista.
La respuesta dentro de la propia Argentina no se hizo esperar. El diputado opositor Nicolás Trotta resumió el sentir de muchos, y señaló que “la política exterior debe defender los intereses de la Argentina, no el ego de un hombre minúsculo como Milei. El gobierno no hace política exterior: exporta agravios, importa conflictos y deja al país cada vez más aislado”, sentenció.
Brasil no es solo un vecino, es el principal socio comercial de Argentina y el motor industrial del cono sur. Cuando un mandatario ultraderechista dinamita las relaciones con la mayor economía de la región por un simple berrinche ideológico, no está afectando a sus seguidores de redes sociales, está poniendo en riesgo las exportaciones y la industria argentina. La diplomacia no se reemplaza con insultos.

